Mírame, despojo errante, errático, perdido,
naufrago en el vértigo de tu sombra encendida.
Soy un desecho vil, un mendigo consumido,
un vestigio de hombre, sin tregua ni huida.
Me yergo y me desplomo en este delirio,
te deseo con saña, con rabia, con fiebre,
con ansia voraz, con furia y martirio,
como la noche al alba que nunca se atreve.
Me bastaría, dices, me bastaría el roce,
mas qué necio es aquel que se sacia en migajas,
si tu piel es tormenta y mi boca es un goce
que muere en su lumbre, que arde en sus brasas.
Es un sino cruel, un edicto impío,
que funde los cuerpos, que tuerce el azar,
que empuja la vida a un abismo baldío
donde amar es perder, donde amar es sangrar.
Y, aun así, si me quemo, si en ruinas me abismo,
si he de ser ceniza que arrastra el destino,
que tu nombre me hiele, que me abrase tu hechizo,
pero nunca, jamás, me arranque el camino.
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Autor:
El Corbán (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 23 de marzo de 2025 a las 09:56
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z.
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