Y llegaste tú...
Pequeño mío, eres sólo un latido en mis latidos,
casi imposible, mil veces increíble,
un deseo del corazón, una espera con ilusión,
desconocido, pero cierto.
Sólo imaginar tus ojos, tu boca, tu sonrisa,
me atrapan e inmovilizan,
maravillada me deja la creación,
tú y yo juntos en un torrente rojo de amor,
con el que alimento día a día, lentamente tu corazón.
Mi cuerpo desvanece, para fortalecerte…
¡Llegó el día!, el día, en que la luz se abre a tus ojos,
el aire te reconforta y tus primeras lágrimas,
me dicen, en un incesante llanto, que estás aquí.
Ya estás aquí, pequeñito mío, alimentando mis sentidos,
cada instante, hoy y siempre, travieso y alegre, de mente brillante,
creativo seguramente, provocando sonrisas, a tu paso, cada instante.
Deseándote feliz y bondadoso, sano y generoso,
que a tu paso dejes huellas de amor,
dando y recibiendo, en ese orden se encaminará tu vida,
ser, hacer y tener, que tu alma así lo viva.
Y por derecho divino, que la gracia Dios y su luz,
siempre sean tu camino...
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Autor:
Locuras de mi Alma Lupita Cruz Guerrero (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 23 de marzo de 2025 a las 21:02
- Comentario del autor sobre el poema: Amor incondicional y absoluto, voto de confianza por la vida, magia en su máximo esplendor, divinidad pura, doble felicidad.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: María Guadalupe Cruz Guerrero, Enrique Fl. Chaidez, WandaAngel, EmilianoDR, ElidethAbreu, nachosol, Poesía Herética, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., Classman
Comentarios2
Precioso, un placer leerte. Un saludo mi estimada POETISA.
Muchas gracias Nachosol, saludos
Oh, qué tierno! Nada comparable al amor de una madre. Dice un refran español: «¿dónde tiene mi niño lo feo, que yo no se lo veo?». Precioso poema.
Así es Alfonso, nada comparable con el amor de mamá. Gracias por tu sensibilidad.
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