Universolo

David H. Rosales

Esta soledad poblada 
por el graznar de los cuervos; 

esta soledad obnubilada 
por los soles que se alejan
como un extraño cuya espalda
veo perderse cuesta abajo;

esta soledad esperanzada
cuando miro los neones
de algún bar, hotel o restaurante
donde quizás estaré una noche, 
pero seguramente entraré nunca;

esta soledad de voces vagabundas 
que duermen junto a las puertas cerradas
para buscar en el sueño la moneda 
del deseo negado o del placer perdido;

esta soledad ardiente y todopoderosa
mientras duermo o me abrasa la lujuria,
esta soledad tan fría y pobre en la vigilia;

esta soledad que me diluye
en mi propio pensamiento
como el arbol deshecho
en asustados gorriones;

esta soledad a la que no le basta mi vida
soy yo y los dos somos el mundo mismo.

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