La tierra a la que vine ya no tiene primavera,
tiene calles vacías con viento que toca el follaje del ficus sacando una ronda de sollozos que parecen alaridos en quiebra.
Aquel que en el horizonte parecía infinito, ahora lo miro morir tiñiendo intensos ocasos dolorosos en carmesí.
¿A quién podremos culpar ahora si más lejos que la culpa sólo están los muertos? Contemplando ya un mar callado y yerto entre su lecho.
Y la interrogación que sube a mi garganta al mirarme desciende, vencida. Mirando el noticiero donde hablan extrañas lenguas detrás de la corona, detrás de la “desgracia”. En sus castillos de oro donde mi pobre padre jamás pondrá un pie.
Miro bajar el polvo en los huesos inertes del extraño, miro crecer la incertidumbre en el agonizante, y para no enloquecer busco entre los escombros algún recuerdo, algún instante ya perdido entre de los abrazos prohibidos, y solo encuentro la noche amarga que tan solo empieza.
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Autor:
Silencio No Hay Banda (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 2 de abril de 2025 a las 13:54
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, JAVIER SOLIS, EmilianoDR, Lualpri
Comentarios1
Cuando el alma sufre
todo parece ser desierto, polvoriento, envejecido.
germosos versos bella poeta
Con admiración
JAVIER
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