EL AMOR POR ENCIMA DE LA TRAICIÓN
Compartir el pan con Judas no es solo un acto de convivencia, también es una confrontación directa con nuestra capacidad de amar, incluso cuando el alma se desgarra y el corazón sangra. Pocas pruebas son tan complejas y dolorosas como sentarnos a la mesa con quienes nos han traicionado, sostener su mirada sin rencor y ofrecerles el mismo pan que alimenta nuestras fuerzas. No es solo un acto de cortesía, es un gesto que desafía nuestra propia humanidad. La imagen de Jesús en la Última Cena, con pleno conocimiento de la inminente traición de Judas, es un testimonio supremo de la grandeza del espíritu humano. No se apartó, no le reclamó, no lo despojó de su derecho a compartir el alimento, no le deseó el mal, no tomó venganza. Todo lo contrario, eligió servir con amor, sin alterar su esencia, sin permitir que el veneno de la perfidia contaminara su naturaleza. Sin duda, fue un acto de rebeldía contra el odio.
Este episodio sagrado nos enfrenta con una verdad ineludible y es que todos llevamos dentro la capacidad de herir y ser heridos. No somos ajenos al error ni inmunes a la traición. La gran interrogante no es si seremos lastimados, sino cómo elegiremos responder a las heridas infligidas. ¿Nos aferramos al resentimiento, dejando que la sombra del agravio nos defina, o elegimos el desafío del perdón, aunque duela, aunque queme, aunque parezca imposible? Hay quienes eligen un camino más oscuro, donde el resentimiento se convierte en un veneno que no solo los consume, sino que los lleva a desear el mal a los demás, olvidando que cuando el odio se arraiga en el corazón, deja de ser una simple respuesta al agravio y se transforma en algo mucho más destructivo que la herida original. Es entonces cuando el rencor deja de ser una defensa y se convierte en una carga que corroe el alma de quien lo lleva. Porque desear el mal, regodearse en el dolor ajeno y buscar venganza nunca será el camino para aliviar el propio sufrimiento, al contrario, lo perpetúa, lo envenena, lo arraiga más profundamente en el corazón.
El perdón que nos enseñó Jesús es un acto de sublevación contra el ciclo perpetuo del rencor, una declaración de que el amor no puede ser reducido ni condicionado por la ingratitud ajena y que la verdadera grandeza no está en evitar el sufrimiento, sino en trascenderlo, en seguir amando aún cuando la lógica del mundo nos incite a odiar.
Jesús no solo nos demostró el poder del perdón, sino que nos dejó la enseñanza más desafiante de todas y es que podemos optar por sentarnos a la mesa con la traición y seguir dándole amor.
Laura Meyer
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Autor:
Laura Meyer (
Offline)
- Publicado: 2 de abril de 2025 a las 22:52
- Categoría: Perdón
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Lualpri, alicia perez hernandez, Santiago AlboHerna, Poesía Herética
Comentarios1
Indudablemnt uno de los textos más importantes que he leído en este Portal.
Y además, escrito con un estilo y finura notables, felicitacionessss
Muchas gracias por tu apreciación. Saber que mi escrito ha generado ese impacto en ti es una gran motivación para seguir compartiendo mi pasión por las letras. Aprecio mucho tu comentario y el tiempo que te tomaste para leerlo. ¡Un abrazo!
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