Soy Licenciado en Lengua y Literatura, en aras de futuro y amistad.
🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮 en Poemas del Alma
Presentado por Poemas del Alma
ZELIMA
Un día, conversando con Zelima
de historias y leyendas regionales,
me dijo, que de cuentos orientales
contara más que de una y otra rima.
Entonces, yo le dije con estima:
—la luna con el sol son diferentes
y juntos, se convierten en simientes,
por tanto, ¿de cuál quieres los derroches?
Me dijo: —de «Las Mil y una noches»,
yo quiero ser testigo a que me cuentes.
Consciente a su osadía, su elixir,
propuse darle inicio una mañana,
le dije: —te hablaré de una sultana;
la estirpe prodigiosa de un visir,
que un día, desafió su porvenir
en nombre de un harén mortificado.
Juró por su memoria, su legado
casarse con el rey, cuyo sultán,
mataba la agonía en el desván,
después de haberse visto traicionado.
Su esposa a quien amaba, a quien quería,
un día que su hermano se hospedaba,
miró con disimulo que encontraba
con otro, regocijo, tierna y fría.
Sabiendo que su esposa le mentía,
que el mundo para ellos era inhumano,
vivió lo que le dijo aquel hermano:
—lo mismo yo he pasado, mala suerte,
en cambio, por honor, he dado muerte,
no dejes que el tormento sea insano.
Movido por el llanto en sus entrañas,
le dijo a su visir: —quita su vida
y en nombre del sultán, sane la herida,
borrando para siempre las marañas.
Que el pueblo nunca sepa las patrañas,
que grabe lo que he hecho cada puerta
y corra por los reinos la reyerta:
—el rey busca una esposa, entre las calles,
mas si alguien quiere un día más detalles,
que sepa, que al siguiente queda muerta.
Oyendo la noticia Sherezade,
la estirpe del visir de aquel sultán;
resuelta, por el bien que da el Corán
le dijo a su papá: —seré su jade.
Mas él, con la tristeza dijo: —nade...
no nade entre mis venas el tormento,
ya sabes, hija mía, no te miento
que a mí, él me pondrá con sutileza,
que lleve aquel alfanje a tu cabeza;
lo duro que es vivido en su aposento.
Pero ella, convencida, no se ufana,
se enfrenta al soberano, cuyo esposo,
después de un largo día de reposo,
la toma entre sus brazos de mañana.
En eso, pide al rey la gran sultana,
que es bien, que su hermanita tan querida
repose en el palacio, agradecida
y vea el derramar de su belleza
que es toda una paloma en entereza
como una triste historia sin medida.
En noches mil y una, voz se alzaba,
Sherezade hiló sueños al pasar,
palabras en un mundo por contar,
susurro que en el alma se quedaba.
El sultán, de su encono, se olvidaba,
cautivo con historias, tierno y frío;
la verdad disfrazada en desvarío,
el genio y el desierto conjurados,
en cuentos infinitos, revelados,
el miedo se tornaba en desafío.
En lámparas se oculta la fortuna,
y alfombras vuelan lejos del tormento,
los mares son espejos del momento,
y estrellas cantan bajo la alta luna.
Un pez que habla y el bosque que se aúna,
camellos que recorren los confines,
tesoros escondidos en jardines;
la magia es el umbral hacia lo eterno,
y cada cuento fluye como invierno,
en donde solo caben paladines.
El sultán, desvelado, le pedía
que nunca detuviera los relatos,
cada noche, entre enigmas y retratos,
Sherezade el destino sostenía.
En su hilo cuan hermosa fantasía,
de Oriente, los colores más profundos.
Al eco de leyendas vagabundos
los cuentos se volvían inmortales,
testigos de emociones tan reales,
que en sus letras, danzaban otros mundos.
Un oasis canta el silencio eterno,
susurros de palmeras, comerciantes,
arena de zequíes y diamantes,
historias de un amor puro y fraterno.
Las puertas del palacio son hiberno
del tiempo que se queda suspendido,
cada cuento da vida al detenido
reloj de las palabras infinitas,
son voces que iluminan las mezquitas,
el eco del Oriente empedernido.
Un genio que concede tus ensueños,
mas pide en su favor gran osadía,
y barcos que navegan la armonía,
cazando entre las aguas otros sueños.
Los héroes se enfrentaban con empeños
a pruebas que vencían con virtud,
la magia se teñía de quietud,
Sherezade bordaba mil colores,
sus cuentos eran ríos de temblores,
el arte de su voz sin magnitud.
Las noches retenían maravillas,
historias que cruzaban los confines,
que abrían con palabras sus jardines,
leyendas transformadas en semillas.
Sherezade vencía las mejillas
de la muerte, que acechaba su fragancia,
y el cuento conquistaba la distancia,
el sultán entendía su virtud,
la voz que transformaba su actitud
era el arte que amaba su elegancia.
La espada de la luna corta el viento,
y el desierto murmura sus canciones,
los oasis esconden emociones
que el tiempo va bordando con intento.
Mil noches dieron forma al pensamiento,
la vida ya se ha vuelto aprendizaje,
cada cuento es un viaje, un engranaje
que mueve las estrellas y los mares,
en palabras se ocultan los lugares
donde mora la esencia del mensaje.
Sherezade, doncella de la aurora,
con su voz recreaba los pasados,
mil historias en versos decorados
tejían en su estilo soñadora.
El sultán encuentra lo que adora
el ritmo de la vida más serena,
la magia que transforma y que condena,
en cada luna llena resplandece.
La verdad que en los cuentos permanece,
se debe a una voz noble y serena.
En la magia y el viaje de los fieles,
se revela el destino sin medida,
las leyendas que cruzan nuestra vida
nos transforman en sabios bajo mieles.
Mil y una noches son como laureles;
coronas de palabras infinitas,
con letras, Sherezade vence citas
que la muerte dictaba en cruel papel,
sus labios se convierten en pastel
que alimenta las almas tan bonitas.
Es cuanto, oh Zelima, ya es el final;
así salvó su vida la sultana,
dejando de contar cada mañana
historias, bajo el círculo oriental.
Samuel Dixon
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Autor:
Samuel Dixon (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 3 de abril de 2025 a las 20:08
- Comentario del autor sobre el poema: Un poema, aunque un poco extenso, pero es lo que, en realidad sucedió con Zelima. Espero y les guste como a ella. Saludos
- CategorÃa: Sin clasificar
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: Mujer perseverante, Dr. Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez, Josué Gutiérrez Jaldin, Enrique Fl. Chaidez, JUSTO ALDÚ, Tommy Duque, Rafael Escobar
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