AMOR ENTRE ESCOMBROS
Buscadlo, sí,
entre los condones marchitos del cajón de la nostalgia,
en el lápiz labial que aún huele a mentira
y en la taza de café
donde un beso se suicidó sin testigos.
Porque yo lo vi:
en el bostezo eléctrico de un televisor apagado,
en la uña postiza que gritaba tu nombre desde la alfombra,
en el recibo del motel
pagado con monedas robadas al azar.
Amor, ese hijo bastardo de los calendarios sin años ni días contados,
vino en taxi y se fue en ambulancia.
Hablaba en lenguas que solo los ceniceros entienden
y bailaba con los pantalones desahuciados
sobre el cadáver tibio del romanticismo.
Yo lo toqué:
en la pelusa que dejaste en mis sábanas
y en el eco de tu risa
resbalando por el inodoro.
Lo juro.
Desamor:
esa resaca sin alcohol,
esa diarrea de recuerdos,
ese tic nervioso que me arrastra a escribirte
a las 3:14 a.m.,
con un cigarro apagado
y el corazón haciendo cola en el subterráneo.
Halladlo, buscadlo:
en el cajetín de cartas nunca enviadas,
en el espejo empañado que aún guarda tus gestos,
en el calzón olvidado detrás del radiador.
Está ahí.
Como un perro sin dueño.
Como el grito que nunca llegó al orgasmo.
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Elegía a tu ausencia
Me dejaste el tedio… de un bostezo,
una esperanza resquebrajada en la alacena del alma,
y un duende durmiendo en mi zapato,
susurrando que el amor era un juego… o una broma.
Tus medias aún dictan decretos,
en el parlamento tibio de mis sábanas,
y cada noche, la luna me cobra
la renta de tus gemidos reprimidos.
Bebí tu adiós en una tumba de vidrio,
llena de cuerpos… y ecos de cementerios,
y en el brindis, un ave me dijo:
“Las promesas mueren con más estilo que los poetas”.
Tu perfume sigue en huelga de hambre,
en el rincón marchito de algún recuerdo,
y mis sueños —tan desobedientes—
te invocan como a un demonio perfumado y bien acicalado.
No, no te lloro.
Solo escribo, en mi lengua,
la elegía de un sentido absurdo.
Y si a veces grito tu nombre en los bares,
es por deporte… o porque el vino
me exige su tributo… o un adiós.
Elegía a tu ausencia,
que no es muerte,
sino la resurrección del caos
con labios como los tuyos,
y los míos… aún temblando
por un beso que jamás supo despedirse,
y tu gesto, que aún me abofetea con indiferencia.
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Autor:
William26🫶 (
Offline)
- Publicado: 4 de abril de 2025 a las 00:06
- CategorÃa: Surrealista
- Lecturas: 3
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