LAS OTRAS LETRAS

EL QUETZAL EN VUELO



Así eran las otras letras que emocionaban la noche. Era fácil encontrar ese regalo de emociones, de sabor agridulce al que me acostumbre, a su mensaje, al acomodo de unas letras como flechas al pecho de quien las leía y yo con vocación de Kamikaze, poniendo mis ojos en las otras letras y abriendo mi pecho, dispuesto a sufrir la noche, con esa mezcla.

 

Era un uave sufrir estoico. Comparaba mi sentir con la sensación de las letras de mis poetas preferidos. Las otras letras me hacían sentir una sensación de lo que pensaba que era la poesía, que era el amor. Esa forma tuya de amar sin decir, sin comprometer una letra de su escribir genérico. Era como vestir una prenda de talla universal, a todos le quedaban.

 

La poesía de aquel entonces era como esa extraña alianza engañosa entre la vista y el corazón. La pluma escribe lo que ve y lo que cree que el corazón siente y así se deja llevar sin borrones, sin cuestionar, sin amnesia; como esparciendo lo que hay alrededor y dejando correr la tinta por la hoja, formando letras y tomando forma de sentimiento lejano y textual.

 

Dicen que cuando la noche no soporta un abandono, apura el amanecer y hace tocar fondo y el corazón, el alma y pensamiento rebota en el olvido, hasta quedar en calma y luego el amor propio se levanta, se sacude las otras letras y camina hacia la luz, dejando el claroscuro de las otras pasiones, que, por mucho tiempo, arrugaron y plancharon mis letras.

 

Arrancar las otras letras escritas en las paredes de mi alma, no es tan fácil como tronchar las hojas de mi cuaderno azul, donde el dolor de muchas noches dejó su rastro y abandono de madrugadas; Letras en estado terminal de un otoño que se negaba a ser invierno, y yo encontraba la primavera de estas letras. Como una ardilla ciega que encuentra una nuez

 

LENNOX

EL QUETZAL EN VUELO

 

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