Tus pieles me llamaban, con sed me atendían,
Y yo confuso recorría, tus caderas, ¡Oh! prohibidas,
Pues sí, solo fue efímero,
Pues también será doloroso,
La idea no fue nada correcta,
Pues en ese entonces, mi conciencia, estaba muerta.
Yo paro y ya no sigo,
Terminarlo y no fregarlo, decido,
Pero marcado nuestros andenes han sido,
Que la distancia ahora vence al cariño establecido.
- Autor: José Antonio [JARS] (Seudónimo) ( Offline)
- Publicado: 19 de junio de 2009 a las 17:04
- Comentario del autor sobre el poema: Cuando lo prohibido nos tienta... pero hay que apaciguar a la yena...
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 49
Comentarios1
Me hizo gracia tu comentario....pero realmente es así....debemos tratar de ser racionales antes cualquier decisión que pueda cobrar alto precio por un paso equivocado. Saludos poeta.
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