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Ricardo Bogrand



Alianza de mis manos



Mío este cuadro,
este sueño,
esta verdad de polen.

Cruzas sobre mi abierta herida
en la trunca esperanza
en esta tarde de ostracismo.

He visto al mundo desde el plano del mundo,
desde un peldaño más abajo del mundo,
desde ninguna floración de trinos.

Le he visto con estos ojos turbios de pobreza,
con la raída ropa de mi sueño.

¿Cómo decirte?
¿Cómo absorber tu nombre marinero?
Mejor te digo, hermana, camarada.
Hoy ya no temo.
Hoy destrozo mi lámpara ilusoria
y me descubro.
Voy a iniciarte en este nuevo encuentro
de ver las cosas sin ningún paisaje.
A veces pienso que es difícil buscar en esta noche
y tropezar con lo que no se ha visto
y lo que está por descubrir sin tregua
y lo que no te han dicho las mañanas
cuando miras el mar de tu ventana.
A veces pienso que pocos nos quedamos en la sombra
para cantar con nuestros pobres dedos
eso que nadie mira
y nadie toca.

Un día yo te dije:
Ámame, marinera; con tu acuática fiesta de celajes.
Ámame con tu marca elástica de peces.

Ámame con tu puerto y tu escafandra,
con tu cuerpo de esponja y con tu golfo,
con tu piel de cristal y tu silueta.

Ahora yo te digo que me ames
como esa pleamar de los que ansiamos
bebernos las palabras del que muere
imaginando el pan que nunca tuvo.

Quiero que me ames, como yo a los pueblos
cuando abrazan
con los gritos fundidos en su lucha.
Ámame, como amo la libertad, la paz y la justicia,
la vida digna y el pan de todos.